- A los amores que dejaron de serlo, a los trabajos que hace mucho no producen satisfacción ni motivación de logro, a los amigos que se han quedado en tu vida por tradición más que por convicción y auténtica afinidad.
Tuxpan, Ver. a 12 de Julio de 2012
Es tiempo de decirle adiós a las relaciones en las que está prohibido ser nosotros mismos. Esas en las que estamos de guardia todo el tiempo, cuidando nuestras palabras, nuestras ideas. Cuidando no reírnos demasiado ni muy alto o cuidando.
y hasta modificando nuestra forma de vestir, de comer, de ver cine, de hacer deporte, de hablar, de hacer el amor, con tal de ser aceptados.
Todos hemos sentido la tentación de ser quien no somos. El costo es el vacío de identidad. El hueco que deja una relación que se termina no se compara al vacío que deja traicionarnos a nosotros mismos.
Las relaciones con las que deberíamos quedarnos y cuidar con especial entusiasmo, son aquellas en las que hay reciprocidad. Aquellas en las que hacer es la mejor forma de decir como decía José Martí. Esas en las que la escucha, la comprensión, el interés y los actos amorosos más que las palabras dichas a la ligera, fluyen en un camino de dos vías.
Es tiempo de decir adiós cuando la regla implícita del vínculo es dar pero no recibir. Cuando la relación requiere de la renuncia a los proyectos personales en beneficio del otro como una constante. Lo deseable, es la libertad de que cada uno se sienta bien y tenga espacio y energía para los proyectos personales.
Hay relaciones que nos hacen sentir poco valiosos. Cuando la descalificación es la norma sistemática de comunicación, terminamos sintiéndonos mal con nosotros mismos (es muy difícil que permitamos la devaluación del otro sin la previa autodeavaluación).
Es tiempo de decirle adiós al pasado cuando llevamos demasiado tiempo sufriendo por una causa perdida, un amor fallido o trunco, una oportunidad de vida que dejamos pasar por miedo. El tiempo no lo cura todo, pero siempre podemos aprender a vivir con lo irremediable, quitarlo del centro de nuestra vida y seguir adelante, construyendo el presente.
Sólo pueden decir adiós aquellos que viven en esperanza. Esos que tienen la certeza de que siempre habrá nuevas y mejores oportunidades para amar, trabajar y compartir. Sólo los esperanzados se atreven a romper con la mediocridad de la zona segura pero incómoda o insatisfactoria.
La esperanza como actitud frente a la vida es lo único que nos permite correr riesgos, luchar por objetivos elevados, defender causas valiosas, construir amores y amistades profundas, basadas en compartir la intimidad, lo que uno es, desnudo de apariencias y formas sociales, con confianza plena de que no seremos traicionados.
Es tiempo de decir adiós cuando la traición es reincidente y no accidental o aislada. Cuando la falta de interés o aceptación profunda de quien es uno y el otro, es sistemática.
El amor en cualquiera de sus presentaciones da la bienvenida a los claroscuros humanos y puede convertirse en sentido y pasión entrañable, haciendo que nuestro paso fugaz por la vida, se vuelva vida del alma, vida plena.
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